Canadá respondió este martes a Estados Unidos con aranceles de represalia sobre productos estadounidenses por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares, entre los que se incluyen acero, productos lácteos, electrodomésticos y maquinaria agrícola, a medida que la guerra comercial entre los vecinos, que alguna vez fueron amigos, se intensifica drásticamente.
La tensión puso en peligro una de las relaciones comerciales más importantes del mundo. Los nuevos aranceles se extendieron mucho más allá de los productos industriales, afectando a compras cotidianas como mariscos, queso, ropa, cosméticos y papel higiénico, algunos de los cuales enfrentan aranceles de hasta el 50%.
La represalia de Canadá se produjo después de que el Gobierno de Donald Trump impusiera el fin de semana aranceles del 50% sobre productos canadienses tras el colapso de las negociaciones comerciales.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, acusó a su vecino de intentar subordinar a su país y afirmó que las exigencias de Estados Unidos durante las negociaciones fallidas demostraban que los estadounidenses querían “destruir nuestras principales industrias”.
Trump intensificó el enfrentamiento el lunes, al decirles a los líderes canadienses que “se alinearan” o se enfrentarían a consecuencias “mucho peores” que los aranceles existentes, y amenazó con nuevos gravámenes del 50% sobre vehículos, las piezas de automóviles y el acero canadienses.
Trump sumó otra provocación este martes al afirmar que Estados Unidos estaba “considerando seriamente” cambiar el nombre del lago Ontario por el de ‘Lago América’, en medio de una disputa con el primer ministro de Ontario, Doug Ford. Dicho cambio recordaría la medida unilateral que tomó el año pasado el presidente republicano mediante un decreto ejecutivo para cambiar el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América.
Los aranceles entrarán en vigor el 8 de septiembre con tasas del 15%, 25% y 50%, y Canadá igualará la tasa arancelaria estadounidense correspondiente en más de 700 productos, como la pulpa y el papel, y los productos electrónicos. Los gravámenes sobre muchos productos estadounidenses se duplicarían, pasando del 25% al 50%, y la mayor parte de las nuevas medidas afectaría al acero y al aluminio.
Las autoridades canadienses afirmaron que el objetivo no es recaudar ingresos, sino proteger a las empresas canadienses y reducir las importaciones de Estados Unidos.
Las importaciones de acero de Estados Unidos, por ejemplo, ya han caído un 30% desde que Canadá impuso un arancel del 25%, y se espera que la nueva tasa del 50% las reduzca aún más, indicaron las autoridades canadienses.
Entre los productos sujetos a aranceles del 50% se incluyen algunos productos de acero y aluminio, muebles y ropa. Los electrodomésticos, los productos lácteos —incluido el queso—, el pescado y los mariscos, así como ciertos derivados del acero y el aluminio, estarán sujetos a aranceles del 25%. Los contraranceles canadienses vigentes sobre los automóviles estadounidenses se mantendrán.
Canadá también anunció un paquete de apoyo para los trabajadores y las empresas afectadas por la disputa, por un valor de 7.5 mil millones de dólares canadienses (5.4 mil millones de dólares estadounidenses).
Las autoridades canadienses reconocieron que los aranceles de represalia aumentarán los costos para algunas empresas y consumidores, pero señalaron que esperan que los efectos económicos generales sean moderados.
Indicaron que el Gobierno ha proporcionado más de 30 mil millones de dólares canadienses (21.7 mil millones de dólares estadounidenses) en apoyo relacionado con los aranceles desde principios de 2025 —mucho más de lo que ha recaudado en gravámenes de represalia— en un intento por amortiguar el impacto de la disputa comercial.
Canadá y Estados Unidos cuentan con cadenas de suministro profundamente integradas en los sectores automotriz, energético, agrícola y manufacturero, lo que hace que una disputa comercial prolongada pueda resultar costosa para las empresas y los trabajadores de ambos lados de la frontera.
Las empresas y los consumidores se encuentran atrapados en medio, enfrentando la incertidumbre sobre cuánto podrían aumentar los precios.
Michael Howard II, dueño de una empresa de muebles en Warren, Michigan, en las afueras de Detroit, aseguró que los aranceles obstaculizarán “nuestra capacidad de llevar comida a la mesa para nuestra familia” y afectarán “nuestra capacidad de retribuir a nuestra comunidad”.
Howard y su esposa iniciaron su negocio hace una década. Fabrican y venden de todo, desde mesas de comedor hasta estanterías.
“Decir que no necesitamos a Canadá es simplemente falso”, afirmó. “Es deshonesto. Y, sencillamente, no es cierto en absoluto. Necesitamos a nuestro vecino, pero ellos también nos necesitan a nosotros”.
Carney dijo el lunes que Canadá tal vez deba dejar de igualar los aranceles estadounidenses dólar por dólar y, en su lugar, recurrir a medidas de represalia más específicas destinadas a proteger a los trabajadores y las empresas canadienses
“Una actitud en la mesa de negociaciones que dé a entender que Canadá es una filial de Estados Unidos” es “algo que no vamos a aceptar”, afirmó Carney.
Carney fue aún más directo en francés.
“Durante las negociaciones nos dimos cuenta de que los estadounidenses quieren destruir nuestras principales industrias, entre ellas la automotriz, la del acero y la del aluminio”, señaló Carney. “Esa fue una de las principales razones por las que dijimos que no. Era un mal acuerdo”.
Carney señaló el lunes que los negociadores estadounidenses habían planteado la visibilidad del contenido en francés en las plataformas de streaming, junto con las normas de etiquetado en francés, como puntos de fricción comercial. Rechazó la idea de que esas protecciones fueran negociables y afirmó en ese idioma: “Para los estadounidenses, las cuestiones relacionadas con la lengua francesa, la cultura de Quebec, la francófona y la canadiense son puntos de fricción. Aquí en Quebec, aquí en Canadá, son derechos”.
Trump escribió este martes más temprano en una publicación en redes sociales: “¡Nunca interferiría con que los canadienses hablen francés! De hecho, ni siquiera se me ha ocurrido hacer algo tan estúpido. Esta mentira la inventó un primer ministro débil e ineficaz en un intento por ganar apoyo político —que ha perdido por completo— del pueblo de Quebec. ¡Amo a los canadienses francófonos!”.


