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Néstor Cerón plantea diplomacia pública en la que cada dominicano sea embajador del país

La propuesta que busca mirar la diplomacia más allá de los salones oficiales, las cancillerías y las figuras que tradicionalmente representan a los Estados, para colocar en el centro de la conversación a la cultura, el conocimiento, el talento y a los propios ciudadanos

SANTO DOMINGO. – El diplomático de carrera, académico y especialista en relaciones internacionales, Néstor Cerón Suero, plantea a través de su nuevo libro «Diplomacia Pública para la República Dominicana», el abordaje del ejercicio diplomático como una responsabilidad que no corresponde únicamente a embajadores e instituciones, sino también a los ciudadanos llamados a contribuir a la manera en que República Dominicana es percibida y contada ante el mundo.

La propuesta que busca mirar la diplomacia más allá de los salones oficiales, las cancillerías y las figuras que tradicionalmente representan a los Estados, para colocar en el centro de la conversación a la cultura, el conocimiento, el talento y a los propios ciudadanos.

Cerón Suero sostiene que la globalización ha convertido las percepciones en un elemento determinante de las relaciones entre países. En ese escenario, entiende que República Dominicana necesita construir y comunicar una narrativa nacional capaz de mostrar al mundo una imagen que vaya más allá de los estereotipos con los que suele ser identificada.

En ese sentido, plantea que el país debe contar su propia historia antes de que otros la cuenten por él. Una historia que, no se limite al turismo, sino que incorpore elementos como la gastronomía, el arte, la historia, la cultura, la ciencia, el deporte, el emprendimiento y las experiencias de los dominicanos dentro y fuera del territorio nacional.

El prólogo escrito por el embajador Rubén Silié Valdez, viceministro de Política Exterior Multilateral del Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex), quien describe al autor como un servidor público de vocación tras abandonar el ejercicio de la odontología para dedicarse a la diplomacia.

Rubén Silié Valdez. (Foto: Fuente externa)

La propuesta parte de una transformación en la manera de entender la diplomacia. Antes de llegar a esa discusión, Diplomacia Pública recorre sus fundamentos teóricos desde la antigüedad hasta el siglo XXI y presenta a algunos de sus principales exponentes. Entre ellos, Cerón Suero destaca al especialista Geoff Berridge, una de las referencias de la teoría y la práctica de la diplomacia moderna.

Cuando la voz de un país ya no está solo en sus embajadores

El autor expone cómo la representación de un país ha dejado de depender exclusivamente de sus embajadores y funcionarios diplomáticos.

La voz nacional también puede viajar a través de un escritor que publica en otro país, un científico que participa en una investigación internacional, un músico que lleva su repertorio a nuevos escenarios, un atleta que compite en el extranjero, un emprendedor que desarrolla negocios fuera de sus fronteras o una comunidad de dominicanos que construye vínculos en el exterior.

“Cada uno puede convertirse en un vocero legítimo del país ante el mundo”, sostiene Cerón Suero.

Además, plantea una diferencia entre propaganda y poder blando. La segunda, explica, constituye “una forma moderna de influencia que busca admiración, simpatía y afinidad, en lugar de miedo y coerción”.

El objetivo, no sería simplemente hablar bien de República Dominicana, sino construir una narrativa coherente y consistente.

“La diplomacia pública surge como respuesta inteligente: no se trata solo de hablar bien del país, sino de construir confianza, generar vínculos emocionales y posicionar una narrativa coherente y creíble”, plantea.

República Dominicana más que sol y la playa

En el diagnóstico que presenta sobre la imagen internacional del país, el autor identifica una representación que considera parcial y vulnerable a los estereotipos, por no ser contada por los propios dominicanos.

El también catedrático señala que, suele aparecer limitado a solo sol y la playa, mientras otros componentes de su realidad quedan invisibles: la creatividad, la vida intelectual y el papel en el ámbito regional.

El libro coloca sobre la mesa las ventajas que, desde su perspectiva, pueden servir como elementos de una narrativa nacional: la posición geográfica del país en el corazón del Caribe, la estabilidad democrática, una diáspora activa y numerosa, la diversidad cultural y exportable, el talento artístico, deportivo y académico con proyección internacional y el crecimiento de sectores tecnológicos, educativos y creativos.

Sin embargo, este planteamiento identifica desafíos.

El embajador dominicano en Costa Rica, Néstor Cerón Suero. (Foto de archivo).

Entre ellos menciona una narrativa fragmentada entre sectores institucionales, una imagen externa concentrada casi exclusivamente en el turismo, debilidades estructurales del sistemas educativo y comunicacional, presiones reputacionales relacionadas con la migración y los derechos humanos y la necesidad de aumentar la inversión estratégica en la imagen del país.

La propuesta que surge del libro es avanzar desde las políticas públicas hacia una cultura estratégica. Para ello identifica tres niveles de transformación: crear una narrativa nacional, desarrollar la capacidad institucional e involucrar a la ciudadanía haciendo de la diplomacia un ejercicio cotidiano.

Cada ciudadano como embajador

Para Cerón Suero, la diplomacia no tiene por qué permanecer dentro de los límites de las instituciones. Puede aparecer en las acciones de cualquier dominicano que proyecte una parte del país hacia el exterior.

El libro plantea ejemplos concretos: un estudiante que gana una competencia académica internacional; un chef que abre un restaurante dominicano fuera del país; un músico que lleva el merengue o la bachata a nuevos escenarios; un innovador que desarrolla una aplicación utilizada en varios países; o un inmigrante que dirige una asociación comunitaria en Nueva York, todos de manera implícita exponen a República Dominicana en el mapa y construyen una historia conjunta.

“Cada logro individual suma a la identidad colectiva”, afirma.

La diplomacia, en esta concepción, deja de hablar exclusivamente el lenguaje institucional para incorporar el de la cultura, el emprendimiento, la juventud y la solidaridad.

También hace alusión a las redes sociales, al intercambio académico, a las carreras artísticas y deportivas, a los emprendimientos que cruzan fronteras y a las acciones solidarias realizadas tanto en el país como en las comunidades dominicanas en el exterior.

La percepción tiene consecuencias

El libro vincula la reputación nacional con decisiones que trascienden la imagen.

La manera en que un país es percibido puede incidir, según plantea Cerón Suero, en el interés de inversionistas extranjeros, en la elección de destinos turísticos y culturales, en la disposición para establecer acuerdos y alianzas y en la recepción de cooperación internacional.

De ahí que proponga una política de diplomacia pública sustentada en formación continua, unificación de mensajes estratégicos, una apuesta por la cultura, el conocimiento y la innovación, una mayor organización de la diáspora, el uso intensivo y creativo de las plataformas digitales y una gestión consciente del poder de la percepción.
“

No basta con ser un gran país: hay que percibirnos como tal”, relata.

El también catedrático aclara que, la marca país y la identidad nacional son términos que suelen confundirse. Mientras la marca país es presentada como una construcción estratégica y consciente, la identidad nacional se relaciona con la manera en que realmente se percibe al país.

Casos de éxito en diplomacia pública

Para explicar las posibilidades de la diplomacia pública, Cerón Suero presenta casos internacionales. Uno de ellos es Corea, cuya estrategia de proyección internacional incorpora la cultura popular como uno de sus elementos de éxito en proyección internacional.

Expone que trata de identificar aquello que un país tiene para contar y convertirlo en una narrativa reconocible, coherente y capaz de establecer conexiones con públicos fuera de sus fronteras.

La migración haitiana y el desafío de explicar a la comunidad internacional

En su vasta experiencia, aborda la diplomacia pública frente a la migración haitiana y coloca el tema en el terreno de la comunicación internacional y como su exposición determina preserva la imagen de la República Dominicana con legitimidad, credibilidad y prestigio, ante la dimensión de la crisis del vecino país.

“La solidaridad auténtica no consiste en delegar el problema al vecino, sino asumirlo de manera colectiva”, expresa Cerón Suero.

Desde esa perspectiva, plantea la necesidad de mostrar ante la comunidad internacional que la carga derivada de la crisis haitiana sobre República Dominicana no puede ser presentada como una responsabilidad exclusiva del país, sino como un desafío que requiere la participación de los actores internacionales con capacidad política, financiera y operativa.

La diplomacia pública aparece aquí como una herramienta para explicar la posición dominicana, comunicar sus argumentos y situar el tema dentro de una discusión internacional sobre responsabilidad compartida.

Políticas que deben transcender gobiernos

La propuesta desemboca en una recomendación: institucionalizar la diplomacia pública como una política de Estado permanente que trascienda los gobiernos.

Entre sus planteamientos finales figuran potenciar la diplomacia cultural e impulsar la diplomacia digital, dos espacios en los que la construcción de reputación puede desarrollarse fuera de los canales diplomáticos tradicionales.

En su nota final, el autor insiste en que la diplomacia pública no debe entenderse como una tendencia pasajera ni como un elemento ornamental de la política exterior.

“La diplomacia pública no es moda ni un concepto decorativo, sino una responsabilidad compartida”, asegura.

Y resume el desafío en una frase que condensa buena parte del propósito del libro: “El reto central no es de recursos, sino de visión, estructura y continuidad”.

Néstor Cerón Suero fue cónsul en Barcelona, España, Ecuador y Costa Rica, y ha participado en distintas misiones de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Cuenta además con un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Nebrija, en Madrid, y otro en Protocolo por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El especialista busca abrir una conversación sobre algo que pertenece a todos: la historia que República Dominicana cuenta de sí misma y la imagen que esa historia deja en el mundo.

Por eso, el libro evoca cuestionantes que invitan a la acción a los dominicanos en cualquier parte del mundo, “¿Qué dice el mundo de nosotros? ¿Qué estamos haciendo para contarlo mejor?”

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