Cuando la tierra gime, el alma canta más alto
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Sociólogo – Comunicador Dominicano
Venezuela llora hoy a media voz.
Sin anuncios.
Sin permiso.
La naturaleza fiera ha pasado como un gigantesco demoledor: el pánico sin límites, la tierra agrietada y los impresionantes edificios, que eran nidos familiares de paz, ahora son desechos que laceran el alma.
Ha dejado dolor donde había sosiego y confraternidad, muerte y llantos donde había risa y terror donde reinaba la alegría del joropo.
El cuatro y el arpa enmudecieron sus cuerdas.
En los llanos el contrapunteo hizo silencio, porque cuando el alma llanera sangra, hasta el viento no sopla.
Qué tristeza tan honda.
Qué desolación tan ancha como el Orinoco.
Pero Venezuela no es lamento que se quede para siempre.
El terruño del Gran Bolívar, es brasa que se expande en llamas.
Como el ave fénix, renace de sus cenizas con más fortaleza espiritual, con más dignidad y con más esperanza.
Esta tierra no escribe su historia con caídas.
La manifiesta con hidalguía y resistencia.
Y más allá de la frontera, se avizora un abrazo conmovedor y solidario.
Latinoamérica extiende la mano amiga, fraternal, sin ideología, sólo con humanidad.
Esa efusiva conjunción es puente.
Ese abrazo es comienzo.
La Patria de Bolívar no se arrodilla.
No se rinde.
Bolívar no dejó miedo en herencia.
Pautó la libertad como destino.
Venezuela volverá a ser gallardía y luz.
Sol sobre el Orinoco y los Andes majestuosos.
Sol que relumbrará sobre los trágicos escombros de hoy dejando huellas imborrables en el alma venezolana y latinoamericana, región de sueños y logros inagotables.
Venezuela volverá porque estamos unidos.
Porque se sostiene con principios que no se negocian y con un ritmo que no se apaga con las enaltecedoras vibraciones del alma llanera.
Y cuando esa expresión del canto popular retorne y retumbe, no será sólo música.
Será bandera, ejemplo y paradigma encendido en el continente de la Esperanza.
Porque nos guía un propósito inmenso, humano, terco: reconstruir, abrazar, no soltar a nadie.
Venezuela llora a sus hijos, pero también los levantará con orgullo y nobleza.
Porque cuando un pueblo que canta decide ponerse de pie, ningún dolor lo puede avasallar.
Marchemos juntos.
El deber obliga y así será…



