lunes, abril 15, 2024
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Adriano Espaillat: El mundo está cruzando por tiempos difíciles; dice hemisferio tiene una crisis de democracia#SDQPeriodicodominicano

NUEVA YORK. – Iniciando el año 2023 el equipo del podcast “Óyete eta’ vaina”, Julia Muñiz Suberví, Federico Jovine, Aneudy Ramírez y Frank Olivares, sostuvieron un encuentro desde sus oficinas en el edificio Adan Clayton Powell, ubicadas en el corazón de Harlem en la ciudad de Nueva York, con el dominicano congresista estadounidense, Adriano Espaillat.

¿Cómo, cuándo y qué le motiva a trasladarse a la ciudad de Nueva York?
No, yo no tuve opción, yo vine de niño. A mí me trajeron, yo recuerdo que estábamos un poco tristes mi hermano y yo; para nosotros no fue una decisión nuestra. Llegamos aquí, ya los abuelos nuestros estaban aquí desde antes de yo nacer. Mi familia tiene varias décadas por aquí, por Nueva York, y llegamos, nos acostumbramos y nos quedamos. Yo tenía nueve años.
En aquella época, en una ciudad excluyente: ¿Cómo un niño dominicano es capaz de incorporarse a la carrera política y es capaz de llegar al escaño más alto de representación política?
Fíjate, aunque habíamos menos dominicanos y a lo mejor se puede percibir que era menos incluyente, yo diría que era más cálida que ahora mismo. Porque yo creo que las objeciones o los conflictos entre grupos étnicos se manifiestan cuando ya es una masa crítica de personas. Aquí -Nueva York- por ejemplo hay un millón de dominicanos, el neoyorkino puede tener o asumir una opinión sobre los dominicanos favorable o no favorable, pero en ese momento éramos un puñado pequeño, de manera que lo que yo pude sentir, como niño, fue como una especie de albergue y apoyo, tanto de la comunidad irlandesa, que estaba en el Alto Manhattan.

-Recuerda- Había una pareja de envejecientes irlandeses que vivían en el mismo edificio que yo vivía, que se preocuparon por nosotros, los afroamericanos también. Mi base política no es con los partidos políticos dominicanos, es con la instrucción y con el apoyo de líderes de derechos civiles afroamericanos de ese momento. Los puertorriqueños que nos abrieron las puertas, nos vendieron las bodegas, nos buscaron los apartamentos, nos enseñaron a hablar inglés. Lo que yo aprendí aquí fue que Nueva York, en ese tiempo, aunque a lo mejor existe una percepción de que no era muy abierto, ni muy amigable, yo creo que para mí fue todo lo contrario.

Poco a poco nos hemos ido insertando los dominicanos en varias áreas y el ejemplo suyo en la política es paradigmático: ¿Cómo ve usted la presencia del dominicano en las demás áreas de la sociedad, en la cultura, en el deporte, en la música?
¡Inmenso! Tenemos un ganador de un Premio Pulitzer, todos los dominicanos del mundo tiene un solo ganador de un Premio Pulitzer y es un joven dominicano de aquí – Nueva York-; tenemos una actriz que ahora viene con la segunda secuencia de Avatar, que fue la película que más dinero hizo en su lanzamiento y viene ahora con la segunda, que se espera que va a hacer espectacular -Zoe Saldaña-; tenemos científicos. Yo estuve en la fiesta de la Casa Blanca de Navidad, la semana pasada, e iba a coger una copa de champaña del bar, pasó una persona y me dijo: “¡Dominicano!” y era uno de los muchachos que estaban trabajando ahí, sirviendo, había 13 de ellos ahí, de origen dominicano, en la misma Casa Blanca. Entonces, en las ciencias, en el mundo académico, en la medicina, en todo el arte culinario, en fin, en todo lo que tú te puedes imaginar, ya hay una presencia cuantitativa y cualitativa.

¿De dónde le surge esa vena política? Para su desarrollo y el trabajo social que usted ha tenido aquí, en la Gran Manzana.
Yo digo siempre que fui político desde el vientre de mi madre. Realmente, yo diría que más que la familia, aunque hay aspectos de la familia que también son políticos, tanto del lado de mi mamá eran los rojos, los conservadores, y del lado de mi papá eran los azules, los liberales. Yo diría que más bien fue un producto de la década y del tiempo. La Revolución de Abril, nosotros como muchachos vimos como por ejemplo, los combatientes, los constitucionalistas de la Guerra de Abril llegaron a Nueva York que fueron escoltados y exiliados. Los Hombres Rana vivían en el edificio nuestro, pero también estábamos en medio de la Guerra de Vietnam. Yo fui de la última lotería de la Guerra de Vietnam. Aquí – Nueva York – se hacía una lotería, tú tenías que ir a Times Square a registrarte para el servicio y en una tómbola, por televisión, se hacía un sorteo donde sacaban los cumpleaños, las fechas de cada día del año y si tu fecha de nacimiento era de los primeros 20 o 25 tú ibas para la guerra, yo salí como 200 y pico. Mi hermano salió número 14, pensó en inscribirse en el ejército. Cuando tú te inscribías voluntariamente tú podías escoger la rama del ejército. Al año siguiente del sorteo mío, Nixon terminó la guerra y no fuimos. Ese conflicto, la Guerra de Abril y la lucha de los derechos civiles, yo creo, que eso fue una tormenta perfecta que me impidió que yo no tomara otra decisión que no fuera la política.

De la época en la que estaba en la República Dominicana nos gustaría que nos compartiera: ¿Qué anécdota, que añoranza tiene o qué extraña del país?
Bueno, yo recuerdo comer una guayaba que vendían en las escuelas, que era como una lengüeta de guayaba; el mabí del Seibo que mi papá traía; un buen frío–frío o guayao, todas esas cosas yo las recuerdo; pero lo que yo recuerdo de manera muy viva era que yo asistía a la Escuela Ercilia Pepín, que quedaba un poco retirado de donde yo vivía, yo me iba todos los días a pie a la escuela, eso era como una aventura para mí, caminar de diferentes rutas para llegar a la escuela y volver a mi casa, era como una aventura diaria, para mí eso es un buen recuerdo.

¿Cuál es el mayor reto que usted ha tenido que enfrentar en esta ciudad de Nueva York?
Yo diría que aprender inglés. No existía la educación bilingüe en ese tiempo y, realmente, yo fui uno de los estudiantes de esa época que nos sentábamos atrás del salón de clases. Primero nos quitaban un grado, nosotros perdimos un grado, aparte de eso estar en un salón de clases sin saber, exactamente, lo que se estaba diciendo; por eso destaco a los puertorriqueños, porque los compañeros de estudio míos, en su gran mayoría, latinos, eran puertorriqueños y nos decían lo que estaban diciendo. Los dominicanos que llegaron, recientemente, no entienden porque no fueron testigos oculares de esa relación, esa dinámica, no entienden esa fraternidad que existe entre esas dos comunidades.

Usted es representante de sus electores, pero es representante de la ciudad, de los neoyorquinos, y de todos los dominicanos: ¿Están involucrados los dominicanos en la política, o están comprometidos?
Si, yo diría que sí hemos evolucionado, que estamos muy envueltos ahora y que nos gusta la política como nos gusta el baseball. Estamos muy involucrados, el relevo que yo veo es muy positivo y que nos llevarán a otro nivel, pero diez puntos arriba. Tengo mucho optimismo con los nuevos jóvenes, electos aquí, hay una gama de ellos muy buenos, graduados de las mejores universidades del país y con basta experiencia en el gobierno, aunque son jóvenes (éticos-honestos), yo estoy muy, muy positivo con el futuro de nuestra comunidad. Podríamos estar un poco más unidos, pero tan poco es que estamos tan desunidos. Yo creo que nosotros vamos por un buen camino. Este escaño que yo represento ahora, antes de yo llegar, solamente lo habían representado dos congresistas en 75 años. Primero, Adam Clayton Powell -la calle y el edificio tienen su nombre-, fue el primer congresista negro de Nueva York y Charles Rangel que lo derroto a él, por un margen estrecho, fue congresista por 46 años. Y ahora me toca a mí, frente al antiguo Hotel Teresa donde vino Fidel Castro y el Che Guevara, al cruzar la calle.

Con la llegada del 2023, siempre se tienen deseos para el avance de la sociedad: ¿Cuál es el tema que usted plantea para la sociedad en general y que los haya tomado como norte?
Son dos cosas, mi deseo es la Paz Mundial, yo creo que el mundo está cruzando por tiempos difíciles. El hemisferio, yo creo, que tiene una crisis de democracia. Yo estoy viendo lo que pasa en Perú, lo que está pasando en la frontera, México, Nicaragua, Venezuela, en todos los países de Latinoamérica, en muchos de ellos. Yo creo que hay una crisis de democracia y eso conlleva al conflicto. Vemos lo que está pasando en Ucrania y las amenazas que existen para que estos conflictos puedan escalar a otro nivel. Yo creo que la paz es lo más importante para la humanidad ahora mismo. Lo más personal para mí en torno a los proyectos míos, son prácticos, como se decían en otra época en República Dominicana son “de varilla y cemento”. Yo tengo el tren de la segunda avenida, que es un proyecto de siete mil millones de dólares; estoy empujando el proyecto de la armonía de Cristicchi, que es la armonía más grande de los Estados Unidos, donde caben tres terrenos de fútbol para construir lo que sería una trasmisión de cambio económico para ese condado, que es el más pobre de la ciudad de Nueva York y uno de los más pobres del país; y un centro cultural para la comunidad dominicana en el Alto Manhattan, de alto calibre. Esos son los tres proyectos de cemento y varilla que tienen su calendario, y yo trabajo en eso diariamente.

Tres cosas importantes de Adriano Espaillat: ¿Qué le gusta comer, qué le gusta bailar y el siguiente paso en su carrera?
Me gusta el chivo liniero, con un moro de habichuelas rojas con una tajada de aguacate. La música soy merenguero y rockero, me gusta el rock’n roll, soy fanático de los Rolling Stones, Santana y de otros grupos de esa época. Jimi Hendrix, fue un gran guitarrista y, naturalmente, merenguero, no soy bachatero; aunque respeto la bachata soy “merenguero hasta la tambora”.

Un mensaje para esa comunidad dominicana y esos jóvenes profesionales dominicanos que se esfuerzan, tanto allá, en la República Dominicana como también aquí, en la ciudad de Nueva York.
Los jóvenes son producto de una era inmortal, de nuestra era inmortal y nuestra generación inmortal. Que fueron los que llegaron aquí pasando, a lo mejor, calamidades, y esforzándose diariamente para que hoy esos jóvenes puedan asistir a las mejores universidades del mundo y que puedan tener trabajos en grandes corporaciones en los Estados Unidos, desempeñarse a alto nivel, en donde ellos quieran llegar. Nunca se deben olvidar de dónde vienen, cómo se dice: “Si no sabes de dónde vienes, no sabes hacia dónde vas”.

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